(Radio Empresaria) Sin mención alguna a políticas concretas para la pequeña y mediana empresa, los precandidatos (quítele los “pre” para ser preciso) cerraron sus campañas en el interior del país. Alberto Fernández, junto a Cristina Kirchner, fueron los oradores principales del acto realizado al pie del monumento a la Bandera, en Rosario, con una estética bien argentina y ante una multitud. Mauricio Macri eligió Córdoba, provincia de la que espera le den los votos necesarios como para lograr al menos forzar un balotaje en octubre, al frente de un escenario circular y con toda la estética PRO, incluyendo los globos amarillos.

Macri fue a Córdoba casi como cábala, y el actual presidente -que con su gestión destruyó la actividad económica impactando de lleno en las pymes jamás mencionó palabra sobre si alguna de sus futuras políticas llevará a una mejora en las empresas.

“¿Qué vale más en la vida, los hechos o las palabras, a las que cualquier viento se las puede llevar?”, exhortó Macri en la docta. El presidente llamó a “seguir venciendo la resignación, el cinismo y la desidia para poner el Estado definitivamente al servicio de la gente” y recordó que fue justamente en la provincia mediterránea “donde empezó a gestarse esa decisión de cambiar y decir basta”, y remató la frase con esas cuasi inentendibles frases: “Yo soy cordobés por adopción -suena de realismo mágico pronunciado por un ultra porteño- y con el cuarteto me defiendo”.

Al finalizar su alocución, volvió a (¿fingir?) enojarse: “Les quiero pedir, queridos cordobeses, que este domingo nos acompañenen con su voto para que sigamos adelante, para que demostremos que los argentinos juntos ¡somos imparables!, ¡imparables! ¡Vamos Córdoba, vamos Argentina!, y lo vamos a hacer por nuestros hijos, por nuestros nietos, por nosotros mismos y porque amamos este país ¡Vamos Córdoba, vamos Argentina!” De cómo volver a hacer girar la rueda para revivir a las pymes, ni un enojo, ni una palabra.

Por su parte, en Rosario -justo en el Monumento a la Bandera, dónde éste año el presidente Macri no realizó el acto del 20 de junio- Alberto Fernández recibió el pie de Cristina Fernández para el discurso final. Fue en un escenario con el monumento de fondo iluminado e celeste y blanco, y ante la multitud que colmó la plaza y las calles de esa barranca del Paraná, en una concurrencia estimada entre 80 y 100 mil personas. Si bien Fernández describe la actual situación y menciona explícitamente que deberá en su gestión activar políticas pro pymes -el mencionarlo es un un gran paso-, nada apuntó sobre el cómo.

“La que estamos viviendo es una Argentina que expulsa, que ve bajar los sueldos, en la que el consumo cae y eso se expresa en caída de la producción. Todo eso conduce la pérdida del trabajo. Pero nosotros vamos juntos a volver a abrir las fábricas” dijo Alberto Fernández en tono eufórico, remarcando que las pymes es el motor de la economía y que está apagado. El darse cuenta y resaltarlo es un atisbo positivo. “A mí no me ponen vallas, las vallas la tienen los que no se pueden abrazar con la gente”, agregó en alusión a los actos que allí realizó alguna vez Mauricio Macri.

Hacia el final de su mensaje, detalló las condiciones económicas y sociales con las que se va a encontrar en el caso de un eventual triunfo: advirtió que el nivel de reservas del Banco Central es de “11 mil millones de dólares reales” mientras que la moneda se devaluó un 300%. “Pero ya salimos de todo esto. Lo hicimos una vez y lo vamos a hacer otra vez”, aseguró.

El cierre de cara a las PASO, que serán las elecciones que marcarán una encuesta oficial para conocer dónde están parados los candidatos, fue atravesado por la omisión a sus principales deficiencias: ni en el Frente de Todos se habló de una autocrítica por algunos de sus antiguos funcionarios acusados y condenados por corrupción, y en Juntos por el Cambio parece que la gestión prescinde de la economía, con una profunda recesión, y del enorme endeudamiento al que sumió a la república, con su Ministro de Economía guardando sus ahorros y ganancias en el exterior porque no confía ni él mismo en el actual rumbo económico.