Tasas imposibles de pagar, emergencia sanitaria y económica, imposibilidad de hacer frente a los sueldos y la lista sigue. Necesitamos financiamiento a tasas bajas, ¿y mientras tanto los bancos? Ellos, niegan sistemáticamente la financiación.
( Paola Louys ) Los comerciantes y empresarios PyMEs, estamos muy complicados. A la crisis que padecemos hace casi 4 años y que se encargó de llevarse puestas 25.000 pequeñas y medianas empresas, le sumamos la crisis humanitaria del COVID19 y el resultado es caótico. Bancos cerrados y la apertura adelantada del clearing, solo profundizaron el problema evidenciando que la cadena de pagos está rota.
Las entidades que nuclean a las PyMEs, pidiendo por todos los medios ayuda para pasar el mal momento. La respuesta a nuestro pedido llega en forma de DNU y declama tasas al 24% para pagos de salario con un tiempo de gracia, como para lograr acomodarnos el día después y comenzar a producir y vender. Esta medida trae esperanza. Pero la hora de la verdad, es cuando entras al Home Banking y te das cuenta que no calificas, que solo los exitosos son merecedores del crédito. Sobran las excusas, los oficiales de cuenta te piden que les mandes mil papeles y la respuesta es, lo analizamos, pero con el banco cerrado no te prometo nada. Y después llega la respuesta negándote la última esperanza viable de hacer frente a los sueldos que no llegas a pagar.
Y entonces, te preguntas ¿cuál es el fin de una entidad bancaria?, y con solo leer la Ley de Entidades Financieras de 1977, lo podes comprender. Estos bancos están para asegurar que la especulación de los mercados continúe. Pero la realidad indica, que los países que crecieron, son los que industrializan, generan valor agregado y puestos de trabajo.
Releo la Ley y me convenzo que es el decálogo de los males de Argentina. Necesitamos cambiarla, porque nuestra Nación necesita cambiar y ponerse de pie.
Para entender de qué se trata, te cuento, que allá por 1976 se impuso un nuevo modelo de acumulación basado en la valorización financiera, que puso fin a más de cuarenta años de industrialización por sustitución de importaciones. Este modelo procuraba mediante la apertura externa, comercial, y de capitales, sumado al disciplinamiento social, restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos y desplazar al Estado como planificador del proceso de desarrollo. Esta drástica transformación del país tuvo como uno de sus pilares la reforma del sector financiero llevada adelante en 1977, que implicó la consolidación y dominio de las finanzas especulativas por sobre la producción.
Queda claro que para cambiar esto, necesitamos hacerlo juntos, apoyando al Gobierno y buscando un cambio en las bases del sistema financiero. Es hora de tener un sistema bancario supeditado a la industria, que sea agente de crédito para apoyar el crecimiento comercial y manufacturero de nuestro país. Que apoye a la Construcción y brinde hipotecas para la compra de viviendas. Sabemos que ya ganaron demasiado dinero en estos años, con tasas casi usurarias y fueron en parte las que ayudaron a la desaparición de tantas PyMEs.
El día después de esta pandemia, encontrará un mundo diferente, con una recesión mundial solo comparable a la de 1929. Será un duro golpe al capitalismo. Quizá sea hora de releer a Keynes o pensar a Stiglitz en un contexto en que el estado no solo fue necesario, sino imprescindible.
Debemos proponernos un renacimiento económico en favor del desarrollo productivo y con una fuerte redistribución de los ingresos. De nosotros depende.
Por Paola Louys – Mesa Empresaria – polilouys@hotmail.com





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