(por el Prof. Sergio Villalba*) Previo al COVID-19, la distribución de la riqueza en el mundo ya venía empeorando. Desde 1970, la productividad ha crecido 246% y los salarios, 114%. Esta disociación se explica, en parte, porque solo el 51,4% de los ingresos mundiales se generan a partir del empleo. El resto, el 48,6% de la riqueza producida, va a los propietarios del capital, según datos de la OIT. Esto revela, en alguna medida, por qué los sectores medios están en extinción en el mundo o, también, por qué es casi imposible ser propietario de una vivienda. Se discute bastante si luego de la pandemia debemos ir a un sistema económico superador, pero aún no tenemos alternativas al capitalismo. Finalmente, el corazón del problema no deja de ser una “sana discusión” de intereses entre el Estado (impuestos), el sector privado (rentabilidad) y los trabajadores (salarios). Crisis. La pandemia nos dejó en una crisis muy particular de oferta y demanda, en la que el consumo representa dos terceras partes del PBI mundial, con factores que agravan aún más la caída, como los cambios de preferencia de las personas, que ahora priorizan la alimentación, la limpieza, el uso de los servicios básicos o de Netflix. Además, en aquellos países en que los individuos no sufrieron bajas en sus ingresos (28% en Argentina) ahorran o postergan consumos.

Cuarta Revolución Industrial. Muchas empresas comprendieron rápidamente este nuevo escenario: se reinventan o desaparecen. Así, aceleraron la transformación digital que, inevitablemente, provocará el desplazamiento de personas con menor cualificación por la automatización y los avances en inteligencia artificial. Solo basta ver cómo se acelera este proceso, por ejemplo, con el trato que cerró Amazon para comprar Zoox, un desarrollador de taxis autónomos. Según los informes, con un costo de 1.200 millones de dólares, es la mayor inversión de Amazon en tecnología de vehículos autónomos, que puede adaptar para sus servicios de entrega. ¿Los trabajadores desplazados tendrán la oportunidad de adquirir nuevas habilidades? Jeffrey Sachs, el economista asesor del Papa Francisco, en un reportaje dijo: “Cuando voy a Asia, todos hablan de tecnología. Cuando voy a Latinoamérica, se habla de cultura, política, sociedad, pero pocas veces de tecnología. Hay una diferencia de organización y percepción”.

Empleo. Desde 2016, el empleo informal es el único que crece en Argentina. Por supuesto, tiene correlación con el estancamiento económico de los últimos años. Necesitamos diversificar nuestra matriz productiva, crecer sostenidamente y aumentar el PBI por habitante (Nota del autor: Argentina ocupa el puesto 70 a nivel mundial). De lo contrario, seguiremos hablando de desempleo. La pandemia dejó en evidencia en Latinoamérica el enorme impacto de la informalidad y nos obliga a pensar nuevamente tres clases de seguros de vital importancia para el desarrollo: de desempleo, de salud y de retiro. Estos seguros son parte de la discusión de un nuevo contrato social y, también, traen aparejada una pregunta poco simpática: ¿Cómo se financia?

Futuro. En diversas encuestas, los jóvenes muestran preocupaciones por el cambio climático, la automatización, la desigualdad en los ingresos y el Me too, el movimiento estadounidense que nació para denunciar el acoso y la agresión sexual. La sociedad está un paso delante, solo debemos observarla. Tenemos que ser disruptivos, vincular la tecnología con la solución de problemas. Estado, sector privado y sindicalismo deberían evitar vivir en siglos diferentes. La pandemia se llevará consigo lo bueno y malo del sistema, protejamos lo bueno.

* Sergio Villalba es profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. El presente artículo fue publicado bajo el título «Todos hablan de tecnología» en «Éforo 100: Ideas en el Horizonte»; Eforo, octubre 2020. Buenos Aires Argentina.