(Ricardo Auer – Infobae) El repliegue geopolítico de Estados Unidos impacta de modo directo en la Patagonia, las Malvinas y la Antártida, considerados espacios estratégicos.
La nueva cosmovisión de “realismo flexible” de los EEUU es su respuesta lógica a la compleja realidad multipolar. Es un reordenamiento defensivo, consistente en mantener posiciones en los principales puntos estratégicos globales, como los pasos interoceánicos (Groenlandia, Panamá, Pasaje de Drake), los dos polos y las alianzas globales, pero descentralizándolas.
El repliegue se realiza sobre lo que consideran su lebensraum o su retaguardia: el continente americano, que va precisamente desde el Ártico hasta la Antártida. Lo ocurrido en Venezuela, lo que puede ocurrir con Cuba, la marea de gobiernos de derecha en varios países andinos, confirman el repliegue norteamericano sobre su área de influencia. El “Corolario Trump” de la vieja doctrina Monroepretende restringir a las potencias extra hemisféricas (China, Rusia, Europa) la posesión de infraestructura crítica, operar instalaciones militares o controlar activos estratégicos en la región. El caso de Gran Bretaña sería una excepción.Esta iniciativa norteamericana significa una grave restricción a la autonomía estratégica de todos los países de Latinoamérica, por más que se la disfrace con inversiones y cooperación directa, incentivos económicos, presión diplomática y herramientas financieras. Veremos.
Este repliegue norteamericano tiene algunas repercusiones conexas aún no resueltas con Europa y con Rusia. Cuan rotas podrían llegar a estar las relaciones futuras con Europa (OTAN) y cuanta aproximación de cooperación (Ártico) podría llegar a concretarse con Rusia, son meras conjeturas teóricas. Los desacoples y los acoples son proyecciones difíciles de evaluar. Demasiadas incógnitas. Para Trump, Europa (EU) “debe cambiar de rumbo”, no siendo considerado actualmente su aliado más fuerte.
En la reunión de la OTAN en Ankara, Trump desplegó su clásico show de contradicciones; dijo que era una reunión “muy exitosa”, pero reclamó la propiedad de Groenlandia, porque “con EEUU iba a estar más segura”, con la obvia oposición de Dinamarca; reiteró sus ataques contra sus aliados de la OTAN por no brindar apoyo militar a EEUU durante su operación contra Irán; prometió a Ucrania la autorización para fabricar los misiles Patriot, pero nada dijo sobre los insumos. Solo felicitó a Erdogan, el dueño de casa que lo ayudó en el conflicto de Irán, avanzando parcialmente en la venta de aviones F-35 a Turquía. Eso provocó la ira de Israel, lo cual muestra a las claras nuestros pronósticos, que el poder hegemónico de Israel en Medio Oriente empezó a declinar.
Trump amenazó con restablecer el bloqueo naval a los puertos iraníes, e intentar tomar el control del vital centro petrolero de la isla de Kharg, pero afirmó que EEUU no volvería a una guerra abierta con Irán. Ambas afirmaciones chocaron luego con los bombardeos a las instalaciones militares (radares y sistemas de defensa) en el sur de Irán y a ciudades portuarias como Bandar Abbas, Sirik y Chabahar, cercanas al estrecho de Ormuz. Estas acciones militares reflejan que las negociaciones por el desarme nuclear de Irán no avanzan según las necesidades y deseos de Trump. Por eso, se suspende el acuerdo. Vivimos en el reino de la ambigüedad total, lo cual favorece una nueva suba del precio del crudo hacia los 80 USD/ barril, que beneficia a EEUU, y lo cual augura, una vez más, un alza inflacionaria global. Como siempre dijimos, los procesos de paz son angustiosamente lentos.
EEUU considera que la OTAN no debería seguir con su perpetua expansión, un claro apoyo a la tesis de Putin. Claramente Trump prefiere cierta estabilidad con Rusia, a la que deja de ver como una “amenaza directa”, intentando concluir la guerra en Ucrania. Además, no prevé una renovada, costosa y desestabilizadora carrera armamentística nuclear con Rusia. Como los europeos expandieron su vocación militarista hacia la recientemente incorporada a la OTAN, Finlandia, que tiene 1300 km de frontera con Rusia, Moscú anunció el cierre de pasos ferroviarios fronterizos con Finlandia, Estonia y Letonia. Eso significa que Rusia considera que la OTAN le está planteando un conflicto largo y duradero y lo obliga a reforzar su dispositivo militar en su frontera noroeste, preparándose para un escenario de confrontación prolongada. Como la guerra actual es de carácter irrestricto o híbrido, la competencia OTAN-Rusiainvolucrará todas las actividades económicas, industriales, tecnológicas, energéticas, logísticas, de inteligencia y arquitectura de seguridad. Un interrogante importante es la evolución de las relaciones Europa-EEUU y Rusia-EEUU; y todos ellos con China. Demasiadas incógnitas.
Pero volviendo a la Argentina, sometida a una enorme influencia o injerencia norteamericana.
Los temas centrales refieren a nuestro Sur: la Patagonia, las Malvinas y la Antártida. Son parte del mismo escenario estratégico y geopolítico. Nuestra Patagonia sigue siendo aún un espacio vacío, pero lleno de riquezas, que quedan en la mira de cualquier ambición desmedida. Recordemos que sus reservas de shale-gas son muy grandes y equivalentes a las de EEUU y Canadá juntas; y muy necesarias para realizar la prospección y posterior explotación de los recursos que podría proveer la Antártida. Además, su ubicación es ideal para instalar bases de datos que alimenten la Inteligencia Artificial, que necesitan frío y agua y alejadas de las zonas de conflictos calientes. El que maneja la energía, la tecnología y los datos, gestiona un poder que ahora desafía la clásica prevalencia militarista.
Los largos y programados preparativos para la ocupación antártica se enlazan directamente con Malvinas y con toda la Patagonia. Constituyen un solo tema estratégico y vital para nuestro futuro, al que poca atención nacional se le está dando. O peor aún, el gobierno de Milei se la está entregando a manos extranjeras, sin las correspondientes compensaciones (infraestructura, tecnología, know-how) que deberían aumentar nuestra autonomía estratégica. La partición o desmembramiento de Argentina no es una utopía inalcanzable para alguna potencia decidida a todo y más aún si tiene aliados cercanos.
Los efectos más visibles
Hasta ahora los efectos visibles observados fueron: apartar a China del proyecto de un puerto y una base integrada en Tierra del Fuego; en la profundización de varios ejercicios militares y en la habilitación de la venta de los aviones F16. También Argentina firmó el convenio “Escudo de las Américas”, junto a otros 12 países, por el cual se comprometen a disponer del uso de la fuerza militar para desmantelar organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. Es un eventual puente de ingreso de fuerzas norteamericanas, en acuerdo con los gobiernos de la región, para poder intervenir frente a una amenaza potencial para la estabilidad hemisférica. Esto enturbió aún más nuestro vínculo con Brasil, que no adhirió al convenio por desconfianza de las intenciones de Washington.
Otro acuerdo firmado, para la adquisición de drones, y un compromiso de abastecimiento de combustible para buques militares, muestra el interés de EEUU en el Atlántico Sur; pero lamentablemente dicha “cooperación” vino acoplada a la contratación de la empresa Arsoft US, junto a sus asociadas, MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco, empresas que son proveedoras de software e inteligencia artificial del Pentágono y operan en el mismo ecosistema de tecnología que lidera de Palantir (Peter Thiel). Un grave problema sería su extensión al proyecto de “gemelos digitales”, que les permitiría un acceso ilimitado a todos los datos personales de los argentinos (manipulación electoral). Otra anomalía es que todos estos acuerdos no han pasado por la aprobación del Congreso. Argentina es un país indefenso, el 80% de su magro presupuesto de Defensa solo alcanza para pagar sueldos. Ha dejado de contar con un portaaviones, ha perdido su capacidad submarina y ha resignado su potencial aéreo; siendo que el pasaje de Drake es uno de los mejores lugares para operar y esconder submarinos balísticos, en casos de crisis.
En cuanto a la soberanía de las Islas Malvinas, para EEUU es una cuestión menor en comparación con el objetivo de garantizar su dominio en el Atlántico Sur para replegar a China. Washington quiere acercar a Argentina y Gran Bretaña, bajo su paraguas, para actuar en forma conjunta y es lo que Gran Bretaña siempre anheló.
La Antártida es un objetivo estratégico de las potencias, por sus recursos minerales, petróleo, pesca; por ser un lugar no contaminado útil para instalaciones biotecnológicas o de producción robótica de microchips, además de unafuente de agua potable pura.Allí hay instalados radares de rastreo satelital, civiles y militares, incluyendo las cinco estaciones de monitoreo del Global Position System (GPS). Los sensores de los satélites en órbitas polares son todos de uso militar. De allí el intento (y posterior conflicto) de instalación de un radar inglés en Tierra del Fuego, o la insistencia de China para instalar una base de rastreo, con la férrea oposición de los EEUU. Es entonces una zona geopolítica porque abarca la guerra en el ciberespacio y en el cosmos (espacio exterior), que es por donde se trasladan los satélites de comunicación que usan las plataformas cibernéticas para la guerra cognitiva. Mayores precisiones y detalles pueden leerse en mis dos artículos anteriores de estos temas.





Leave a Reply